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  • lugaitán

Seeker

Actualizado: 10 de ago de 2019




Esta es una historia que tiene casi diez años. Me acababa de recibir de politóloga y estaba en crisis con eso. Necesitaba hacer un cambio fuerte y así fue como empecé a meterme en #astrologia y en la práctica de #yoga. Dicho de este modo, parece que fue sólo cuestión de “tomar decisiones”, pero fue mucho más que eso. Sobre todo porque implicó un entrenamiento muy potente en otras formas de pensar y sentir, distintas a las que conocía y que son propias de la formación académica tradicional. No tengo nada en contra de esta, solamente me resultaba muy parcial. No fue sencillo, sobre todo porque lxs que eran amigxs por entonces no entendieron bien mi proceso. Probablemente tampoco supe bien cómo transmitirles lo que me estaba pasando. Tampoco mi familia bancó mi cambio, pensaron que yoga y astrología eran hobbies y que ya se me iba a pasar. Los momentos de cambios de paradigma generan la sensación que unx no sabe ni qué quiere comer. Y uso esta metáfora a propósito, porque por esos años también me hice vegetariana-vegana. Hace diez años casi no había cientistas sociales interesados en “lo espiritual”, mientras que hoy encuentro un número creciente de gente de ese palo explorando otras formas. Tampoco había la movida que hay con la alimentación en este momento. Entonces pasó un tiempo medianamente largo donde la mayoría de lxs amigxs de siempre y yo hablábamos idiomas distintos. Eso llevó a una distancia entre nosotrxs. Pero la verdad es que yo tampoco hablaba el idioma de lxs yoguis-astrologxs por completo, entonces sentía que no pertenecía a ningún lugar por completo. Me sentía como en la película de Tom Hanks en el aeropuerto, pero a la vez estaba segura que tenía que seguir adelante, que este era mi camino. Me sentía sola pero sabía que era necesario. Lentamente empezaron a aparecer personas nuevas en mi vida, muchas del mundo de la música. Me sentía muy a gusto con ellxs, por su forma de ver la vida, su sensibilidad y su apertura al mundo esotérico, aunque yo sea una aparata, musicalmente hablando. Y sobre todo, porque algunxs de ellxs confiaron más en mí que yo misma. A medida que me fui metiendo más y más en este mundo, fueron apareciendo personas muy hermosas que me acompañan de cerca y sin las cuáles nada de lo que hago sería posible. Son mi familia de amigxs. Por otro lado, ahora mi familia de origen es muchísimo más receptiva a lo que hago. También algunas personas que conozco de la etapa universitaria fueron acercándose de vuelta para ver qué es lo que estoy haciendo, incluso llegaron a pedirme que les haga la #cartanatal o fueron alumnxs de yoga mientras daba clases de esta disciplina (ya no lo hago más, aunque sigo practicando). El eje #leo-#acuario habla de esto: vos te la jugás por lo tuyo y aparece el eco de personas que están en una frecuencia parecida a vos, pero tenés que bancarte la transición y la soledad eventual. Siempre es mucho más fácil ver lo necesario que es atravesar las épocas de crisis, una vez que ya pasó mucho tiempo, pero en el momento es fácil que gane la desesperación, la angustia y el miedo.

¿Ahora siento que pertenezco? No exactamente. Voy a hacer generalizaciones con el riesgo que esto trae: creo que lxs yoguis podemos ser muy rigidxs y desconectadxs de lo social, lxs astrologxs muy desconectadxs del cuerpo y lo que sucede a nivel colectivo, lxs politólogxs muy cientificistas y yo, una hincha pelotas que siempre está buscando y nunca se queda quieta. Un poco snob también. Bueno, los asuntos de Acuario. Pero sí tengo una certeza dentro mío: estoy dónde tengo que estar, incluso cuando no todo es un camino de rosas y las cosas no salen exactamente cómo yo quiero. Viene bien recordar que la vida no va a satisfacer nuestros deseos más egoicos, esos que todxs tenemos, pero que si estamos sintonizados con el camino del corazón, la vida regala mucho y es realmente generosa.

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